LA AUTOESTIMA

Piensa que nada ni nadie debe hacerte perder la ilusión en la vida.
La felicidad esta en ti, no la busques fuera pues la tienes mas cerca de lo que puedas imaginarte.

Toda persona tiene en su interior sentimientos, que según su personalidad puede manifestarlos de diferentes maneras. Muchas veces esta manifestaciones dependen de otros factores, según el lugar físico, sentimental y emocional, éstos pueden influir positiva o negativamente en la formación de la persona o sea en la Autoestima.

El modo como nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, desde la manera en que funcionamos en el trabajo, el amor, el sexo, hasta nuestro proceder como padres y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida.

Nuestras respuestas ante diversos acontecimientos depende de cómo y qué pensemos de nosotros mismos. Los dramas de nuestra vida son el reflejo de nuestra visión intima de nosotros mismos, por lo tanto, la autoestima es la clave del éxito o el fracaso. También es la clave para comprendernos y comprender a los demás.

Fuera de los problemas de origen biológico, no existe una sola dificultad psicológica, desde la angustia y la depresión hasta el miedo a las relaciones íntimas o al éxito, el abuso del alcohol o de las drogas, el maltrato a las mujeres o la violación de menores, las disfunciones sexuales, la codependencia o la inmadurez emocional, el suicidio o los crímenes violentos, que no sea atribuible a una autoestima deficiente.

De todos los juicios de que somos objeto, ninguno es tan importante como nuestro propio juicio. La autoestima positiva es el requisito de una vida plena

La autoestima es la suma de la confianza y el respeto a sí mismo. Refleja el juicio implícito que cada uno hace acerca de su habilidad para enfrentar los desafíos de la vida (para comprender y superar los problemas) y acerca de su derecho a ser feliz (respetar y defender sus intereses y necesidades).

Tener una autoestima alta es sentirse confiadamente apto para la vida, es decir, capaz y valioso. Tener una baja autoestima es sentirse inepto para la vida; desacertado como persona. Tener una autoestima término medio es fluctuar entre sentirse apto e inepto, acertado y desacertado como persona, y manifestar estas incoherencias en la conducta, actuar a veces con sensatez, a veces tontamente, reforzando con ello, la inseguridad.

Idealmente, todos deberíamos de disfrutar de un alto nivel de autoestima, sintiendo, tanto una fe intelectual en sí mismo como una fuerte sensación de que merecemos ser felices. Por desgracia, existe mucha gente a la que esto no le ocurre. Numerosas personas padecen sentimientos de ineptitud, dudas sobre sí mismas, culpa y miedo a participar plenamente en la vida; una vaga sensación de que “lo que soy no es suficiente”. No siempre estos sentimientos se reconocen y admiten fácilmente.

Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de estos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo, y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos, dando así lugar a la depresión. Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo en situaciones positivas o sentirse impotentes y autodestructivos.

Cuando una persona no logra ser autentica se le originan los mayores sufrimientos, tales como, enfermedades psicológicas, depresión, neurosis y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos pero crean una serie de insatisfacciones y situaciones de dolor, como por ejemplo, timidez, vergüenza, temores, y trastornos psicosomáticos.

La mayoría de los codependientes sufren de esa vaga pero penetrante aflicción que es la baja estima, comenta Melody Beattie:

“No nos gusta nuestra apariencia. No soportamos nuestro cuerpo. Pensamos que somos tontos, incompetentes, faltos de talento, y, en muchos casos, indignos de ser amados. Pensamos que nuestros pensamientos son malos e inadecuados. Pensamos que nuestros sentimientos son equivocados e impropios. Creemos que somos inferiores al resto del mundo y que nuestras necesidades no importan. Nunca nos hemos puesto de acuerdo con nosotros mismos. Podemos haber aprendido a disfrazar nuestros verdaderos sentimientos respecto a nosotros mismos, vistiéndonos bien, peinándonos bien, viviendo en la casa correcta y trabajando en el empleo correcto. Podemos presumir de nuestros logros, pero bajo las galas se encuentra un calabozo dentro del cual secreta e incesantemente nos castigamos y nos torturamos. En ocasiones, podemos castigarnos abiertamente ante el mundo entero, diciendo cosas degradantes acerca de nosotros mismos. A veces, llegamos incluso a pedir a otros que nos ayuden a odiarnos, como cuando permitimos que ciertas personas o costumbres religiosas nos ayuden a sentirnos culpables, o cuando permitimos a la gente que nos lastime. Pero nuestros peores latigazos nos los damos en privado, dentro de nuestras mentes”.

La autoestima es siempre una cuestión de grado. No hay nadie que carezca por completo de autoestima positiva, ni tampoco alguien que no sea capaz de desarrollar su autoestima.

Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente y digno de ser feliz, y por lo tanto equivale a enfrentar la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, lo que nos ayuda a alcanzar nuestras metas y experimentar la plenitud.

Si el cultivo de la autoestima interesa a todos, en el caso de los codependientes es, sin duda, una de sus necesidades mas urgentes. “Necesitamos valorarnos y tomar decisiones y elecciones que mejoren nuestra autoestima

-(continuando con los comentarios de Melody Beattie) -. Necesitamos amarnos y comprometernos con nosotros mismos. Necesitamos darnos algo de la infinita lealtad que tantos codependientes están tan dispuestos a dar a los demás. De una alta autoestima provendrán actos de amabilidad y caridad, no de egoísmo. El amor que demos y recibamos se verá incrementado por el amor que nos damos a nosotros mismos”.

Cuanto más alta sea nuestra autoestima:

  • mejor preparados estaremos para enfrentar las adversidades; cuanto mas flexibles seamos, más resistiremos las presiones que nos hacen sucumbir a la desesperación o a la derrota.
  • mas posibilidades tendremos de ser creativos en nuestro trabajo, lo que significa que también tendremos mas posibilidades de lograr el éxito.
  • tenderemos a ser mas ambiciosos, no necesariamente en nuestra carrera o profesión o en un sentido económico, sino en términos de lo que esperamos experimentar en la vida en el plano emocional, creativo, espiritual.
  • más posibilidades tendremos de entablar relaciones enriquecedoras y no destructivas, ya que lo semejante se atrae, la salud llama a la salud, y la vitalidad y la generosidad de ánimo son mas aceptables que el vacío afectivo y la tendencia a explotar a los demás.
  • nos inclinaremos a tratar a los demás con respeto, benevolencia y buena voluntad, ya que no los percibimos como amenaza
  • más alegría experimentaremos por el solo hecho de ser, de despertarnos cada mañana, de vivir dentro de nuestros cuerpos.

La autoestima en cualquier nivel es una experiencia íntima, reside en el núcleo de nuestro ser. Es lo que yo pienso y siento sobre mí mismo, no lo que otros piensan o sienten sobre mí.

Cuando somos niños, los adultos pueden nutrir o minar nuestra confianza y respeto por nosotros mismos, según que nos respeten, nos amen, nos valoren y nos alienten a tener fe en nosotros mismos, o no. Pero aún en nuestros primeros años de vida nuestras propias elecciones y decisiones cumplen un papel crucial en el nivel de autoestima que finalmente desarrollamos. Estamos lejos de ser mero receptáculos pasivos de las opiniones que los demás tengan de nosotros. Y de todos modos, cualquiera que haya sido nuestra educación, como adultos, el asunto está en nuestras manos.

La familia disfuncional

Los diferentes autores que han escrito sobre la codependencia hablan de las necesidades no satisfechas del ser humano en su infancia, que le han impedido desarrollar su autoestima y madurar adecuadamente para adaptarse a las situaciones de la vida adulta de una manera sana y madura. Estas necesidades del niño no han sido satisfechas por muchas causas, pero, particularmente, por vivir o haber nacido en una familia disfuncional.

La autoestima es importante porque es nuestra manera de percibirnos y valorarnos como así también moldea nuestras vidas. Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, puede que sea por experiencias que así se lo han hecho sentir o por mensajes de confirmación o desconfirmación que son trasmitidos por personas relacionadas con nuestra familia, que la alientan o la denigran.

Otra de las causas por las cuales las personas llegan a desvalorizarse, es por la comparación con los demás, destacando de éstos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no llegan a los “rendimientos” que otras personas alcanzan; creen que su existencia no tiene una finalidad, un sentido y se sienten incapaces de otorgárselo; sus seres significativos (familiares) los descalifican y la existencia se reduce a la de un “ser” “casi sin ser”. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.

- Ves como me sacrifico por ti y no te importa
-- Dejé todo para criarte y me lo pagas haciendo eso
-- ¿En que nos equivocamos que nos haces estas cosas?-9

Los dictadores: controlan al niño o la niña atemorizándolos cuando hacen algo no autorizado, son estrictos y amenazantes para que obedezcan y todo los enfurece. Condenado de manera inapelable al niño, con burlas, gritos, despliegue de poder y dominación.

-Cómo podes ser tan estúpido(a), cómo no te das cuenta de las cosas-
-Te avisé y ahora vas a ver lo que te pasa por no obedecer
--Yo no tengo que darte explicaciones, lo haces porque te lo ordeno y punto-

A veces estos roles (mártir y dictador) se combinan, se alternan y agregan mas confusión a los hijos porque también van acompañados con demandas o manifestaciones de cariño. Y si un hijo llega a quejarse, a llorar o a reclamar por el trato que recibe puede volver a ser juzgado, culpado y descalificado.

Según se hallan comunicado nuestros padres con nosotros así van a ser los ingredientes que se incorporen a nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra manera de juzgarnos y de relacionarlos con los demás.

Esas voces quedan resonando dentro de nosotros toda la vida. Por eso hay que aprender a reconocerlas y anular su poder para que no nos sigan haciendo sufrir, para liberarnos de esos mandatos distorsionados y para no volver a repetírselos a nuestros hijos e hijas.

Ninguna forma de maltrato es educativa y ningún mensaje o comunicación que culpabiliza, critica, acusa, insulta o reprocha es un buen estímulo para nadie. Y menos en la infancia, cuando no hay posibilidades de defenderse, protegerse o entender que es la impotencia y el desconocimiento de otras formas de trato lo que lleva a los padres y madres a asumir ese papel de mártir o de dictador.

Lo primero que hay que entender es que no podemos hacernos cargo toda la vida de los problemas que amargaron o hicieron de nuestros padres y madres personas mártires o dictadoras. Basta con empezar a averiguar de que manera nos afectaron esas actitudes, para comenzar a liberarnos de sus efectos y no repetir nada de esto con los propios hijos, o con cualquiera que puedan estar a nuestro cuidado.

La autoestima es el componente evaluativo del concepto de sí mismo. Ese concepto modela nuestro destino, es decir que la visión más profunda que tenemos de nosotros mismos influye sobre todas nuestras elecciones y decisiones significativas y, por ende, modela el tipo de vida que nos creamos.

Lo que el hombre llega a ser lo tiene que ser por sí mismo. Solo el hombre tiene el poder de contemplar su propia vida, su propia actividad, tiene el privilegio de la conciencia.

El amor es un pilar en que se apoya la autoestima. El que no se ama no puede ser libre, no tiene confianza en sí mismo para atreverse a buscar, elegir y Decidir lo que le es significativo.

El Niño Interior

El Niño Interior es el estado de conciencia en el que el ser humano goza de la felicidad que le es innata; es capaz de amarse, y ser amado, sentir alegría y autoestima, hacer valer el poder personal de modo constructivo, aplicar la creatividad, estar en armonía interior, ser espontáneo y natural, sin miedos, sentirse inocente, cambiar las circunstancias que le rodean, llevar a cabo su proyecto de vida, y realizarse poco a poco en todos los órdenes

Cuando las necesidades del ser humano no son satisfechas para llegar a superar la etapa que el niño vive en el aspecto físico, emocional, intelectual y espiritual, el “sí mismo autentico”, “real” o “niño interior”, se detiene en su desarrollo.

Mientras más enferma o carente es la condición de los adultos encargados del niño, menos satisfechas son las necesidades de éste. Así, la parte que es creativa, viva, plena de ese “niño interior”, queda paralizada. Cuando sus necesidades no son satisfechas o son negadas por los padres y por otras figuras de autoridad, a ese niño le falta el alimento para crecer. Cuando ese “niño interior” no puede expresar sus necesidades y su propio ser, surge para sobrevivir un “sí mismo falso”, “un sí mismo codependiente” que se ajusta a los deseos y a alas demandas de los demás.

El “sí mismo real” o “niño interior”, es el que funciona cuando somos auténticos, más genuinos, ya que es generoso, espontáneo y comunicativo. Se acepta a sí mismo y a los demás. Siente profundamente el gozo y el dolor y puede expresar esos sentimientos; sabe jugar y divertirse. Es vulnerable porque es abierto y confiado. Es indulgente consigo mismo de una manera sana. Está abierto al mundo del inconsciente y acepta sus mensajes en forma de sueños, enfermedades y dificultades.

Nuestro “niño interior” vive desde el nacimiento hasta la muerte sin necesidad de hacer nada para ser “verdadero”. Si se lo permitimos, se expresará sin esfuerzo de nuestra parte.

Muchas veces tendemos a arrancar los sentimientos de nuestro “niño interior”, porque creemos que reconocer sus necesidades sería dar rienda suelta a conductas infantiles. Pero reconocer esos sentimientos, nos permite poner límites, igual que un padre se los pondría a su hijo.

La represión del “niño interior” y la aparición del “sí mismo codependiente” se va dando paulatinamente, según aparece la necesidad de complacer o defenderse de los otros.

Se genera con la represión de nuestras observaciones, sentimientos y reacciones y cuando nuestros padres o nosotros mismos no les damos el valor que tienen.

Muchas veces empezamos a esconder un secreto familiar, por ejemplo: el alcoholismo de uno de los padres, la drogadicción de un hermano, la infidelidad o cualquier otro secreto y nos enfocamos a las necesidades de los demás, negando, sin darnos cuenta, nuestras propias necesidades.

Pero como seguimos guardando sentimientos, sobre todo los de dolor, desarrollamos una tolerancia cada vez mayor al dolor y al sufrimiento emocional.

Parecemos como aletargados, y como no lo aceptamos, no podemos llorar adecuadamente, cada día, las pérdidas grandes o pequeñas que sufrimos.

Todo esto bloquea nuestro crecimiento mental, emocional y espiritual; pero como muy dentro de nosotros queremos ponernos en contacto de alguna manera con nuestro “niño interior”, nos damos cuenta que algunas conductas compulsivas nos permiten vislumbrar a ese niño y hacer que desaparezca en algo la tensión.

Sin embargo si esa conducta compulsiva nos daña o nosotros a los demás, empieza a producirnos sentimientos de vergüenza, humillación y la autoestima baja más y más.

Al sentir que no controlamos las cosas que nos suceden interiormente, tratamos de controlar más la exterior. Acabamos lastimados y proyectamos nuestro dolor a los demás.

Nuestra tensión va aumentando en tal forma que empezamos a tener enfermedades relacionadas con el estrés. Después aparecen los cambios bruscos de humor, la dificultad en las relaciones íntimas y de ahí sigue una infelicidad crónica.

Cómo sanar la autoestima herida en la infancia

Para comenzar a ejercitase en desaprender lo negativo que nos inculcaron que quedaron escondidos y heridos en nosotros, y sanar a ese niño(a) interior, podemos ir reemplazando las viejas ideas que construimos por otras. Repetir estas afirmaciones con frecuencia es manera de comunicarnos con nosotros mismos, de ayudarnos a adquirir seguridad y tener presentes nuestros derechos:

  • Realizo mis elecciones y acciones con responsabilidad y sin temor.
  • Solo yo decido el modo como utilizo mi tiempo, pongo límites a quienes no respetan esto, hago acuerdos para combinar mi tiempo con el de otros sin someterme.
  • Me aplico a mi trabajo con responsabilidad pero, si algo no va bien, no es porque yo sea un fracaso sino que todavía tengo que aprender más.
  • Me hago responsable del modo cómo trato a los demás y evito repetir lo que a mí me hizo sufrir.
  • Tengo confianza en poder resolverlo mejor posible cualquier situación.
  • Aprendo a comunicar mis sentimientos y respeto los de otros.
  • Cambio mis opiniones sin temor si me doy cuenta que no eran correctas.
  • Soy una persona valiosa, capaz, creativa y estoy abierta para cambiar todos los aspectos de mi vida

La Sociedad

La sociedad cumple una función muy importante para la persona, ya que a partir de la cultura de esta, la familia adopta diferentes pautas o formas de vida que son transmitidos a sus miembros y determinan o ayudan a formar la personalidad de cada uno, teniendo a esta como modelo social.

Las personas que tienen poca confianza de su capacidad dentro de la sociedad, tienden a buscar roles sometidos y evitan las situaciones que requieren asumir responsabilidades.

En nuestra sociedad el nivel de autoestima de una persona esta en cierta medida, ligado a lo que hace para ganarse la vida. Por ejemplo: un hombre puede alcanzar una posición social elevada y tener, no obstante una baja autoestima. Puede tener conciencia de la importancia que tiene, pero aun así considerarse a sí mismo, un ser humano despreciable, indigno de respeto y del afecto de los demás. Puede experimentar sentimientos crónicos de inferioridad porque no es bien parecido, puede sentir que es físicamente débil o un cobarde, o puede considerarse condenado a causa de su identidad étnica.

Los criterios mediante los cuales, las personas, se evalúan a si mismas son culturales. Algunos de estos criterios son: si eres gordo, flaco; lindo, feo; blanco, negro; rubio, o si tienes la capacidad para luchar, honestidad, capacidad para soportar el dolor, astucia para ganar dinero, modales, la capacidad para manipular a las demás personas, etc..

Toda persona se ve a si misma desde le punto de vista de los grupos en que participa y todo aquello que piensen de uno influirá positiva o negativamente en la personalidad o forma de pensar.

Actitudes o Posturas habituales que indican Autoestima Baja

Autocrítica dura y excesiva que la mantiene en un estado de insatisfacción consigo mismo(a)

Hipersensibilidad a la crítica, por la que se siente exageradamente atacada(o), herido(a); hecha la culpa de los fracasos a los demás o a la situación; cultiva resentimientos tercos contra sus críticos.

Indecisión crónica, no por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.

Deseo innecesario por complacer, por el que no se atreve a decir NO, por miedo a desagradar y a perder la buena opinión del peticionario.

Perfeccionismo, autoexigencia esclavizadora de hacer “perfectamente” todo lo que intenta, que conduce a un desmoronamiento interior cuando las cosas no salen con la perfección exigida.

Culpabilidad neurótica, por la que se acusa y se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar nunca a perdonarse por completo.

Hostilidad flotante, irritabilidad a flor de piel, siempre a punto de estallar aún por cosas de poca importancia, propia del supercrítico a quién todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.

Tendencias defensivas, un negativo generalizado (todo lo ve negro: su vida, su futuro y, sobre todo, su sí mismo) y una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma.

Buena Autoestima

No se habla de una alta autoestima, sino del narcisismo o de una buena autoestima. El narcisismo es el amor excesivo hacia uno mismo o de algo hecho por uno mismo, por eso se dice que una persona es narcisista, cuando está enamorado de sí mismo, es decir de lo que piensa, de lo que hace, de cómo es, de cómo se viste, etc., pero no del propio ser, sino de la imagen del yo.

En relación al narcisismo hay que tener en cuenta dos elementos, uno la imagen, que es como se ve exteriormente la persona y la otra es el amor, que es el amor excesivo de la persona, hacia sí mismo. La representación del narcisismo en el niño son simplemente las palabras e imágenes que les transmitieron sus padres, por eso se dice que los padres tienden a atribuirle al niño todos las afecciones y se niegan o se olvidan todos sus supuestos defectos.

Alguien con una buena autoestima no necesita competir, no se compara, no envidia, no se justifica por todo lo que hace, no actúa como si “pidiera perdón por existir”, no cree que está molestando o haciendo perder el tiempo a otros, se da cuenta de que los demás tienen sus propios problemas en lugar de echarse la culpa “por ocasionar molestias”.

Características de la autoestima positiva


Cree firmemente en ciertos valores y principios, está dispuesto a defenderlos aún cuando encuentre fuerte oposiciones colectivas, y se siente lo suficientemente segura como para modificar esos valores y principios si nuevas experiencias indican que estaba equivocada.

  • Es capaz de obrar según crea más acertado, confiando en su propio juicio, y sin sentirme culpable cuando a otros le parece mal lo que halla hecho.
  • No emplea demasiado tiempo preocupándose por lo que halla ocurrido en el pasado, ni por lo que pueda ocurrir en el futuro.
  • Tiene confianza por su capacidad para resolver sus propios problemas, sin dejarse acobardar por los fracasos y dificultades que experimente.
  • Se considera y realmente se siente igual, como persona, a cualquier otra persona aunque reconoce diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o posición económica
  • Da por supuesto que es una persona interesante y valiosa para otros, por lo menos para aquellos con quienes se asocia.
  • No se deja manipular por los demás, aunque está dispuesta a colaborar si le parece apropiado y conveniente.
  • Reconoce y acepta en sí mismo una variedad de sentimientos e inclinaciones tanto positivas como negativas y está dispuesta a revelarlas a otra persona si le parece que vale la pena.
  • Es capaz de disfrutar diversas actividades como trabajar, jugar, descansar, caminar, estar con amigos, etc.
  • Es sensible a las necesidades de los otros, respeta las normas de convivencia generalmente aceptadas, reconoce sinceramente que no tiene derecho a mejorar o divertirse a costa de los demás.

Conclusión

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad, además es aprender a querernos y respetarnos, es algo que se construye o reconstruye por dentro. Esto depende, también, del ambiente familiar, social y educativo en el que estemos y los estímulos que este nos brinda.

La influencia que tiene la familia en la autoestima del niño o niña es muy importante, ya que esta es la que le trasmite o le enseña los primeros y más importantes valores que llevaran al niño a formar, a raíz de estos, su personalidad y su nivel de autoestima. Muchas veces los padres actúan de diferentes maneras, que pueden ser perjudiciales para el niño dejándole marcas difíciles y un continuo dolor oculto que influirá en el desarrollo de su vida; a estos padres se los llama mártires o dictadores.

Pero también están los que le valoran y reconocen sus logros y sus esfuerzos y contribuyen a afianzar la personalidad.

Otro factor importante que influye en la familia, es la comunicación, ya que están estrechamente relacionadas. Según se hayan comunicado nuestros padres con nosotros, esos van a ser los factores que influyan en nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra manera de juzgarnos y de relacionarnos con los demás. Estas experiencias permanecen dentro nuestro toda la vida. Por eso hay que aprender a reconocerlas y a anular su poder para que no nos sigan haciendo sufrir, y para no transmitírselas a nuestros hijos.

Hay una estrecha relación entre la sociedad, la familia y la persona, ya que la sociedad es la que le presenta a la persona un modelo social con costumbres y con una cultura que a través de la familia son trasmitidos al individuo. Pero cuando los integrantes de la misma, tienen asuntos indefinidos en el interior por un pasado doloroso en la infancia le trasmitirá el mismo dolor y las mismas confusiones a su hijo, causándole problemas de comunicación en el ambiente social.

Yo Soy Yo
(Virginia Satir)

En todo el mundo no existe nadie exactamente igual a mí. Hay personas que tienen aspectos míos, pero de ninguna forma el mismo conjunto mío. Por consiguiente, todo lo que sale de mí es auténticamente mío, porque yo solo(a) lo elegí.

Todo lo mío me pertenece, mi cuerpo y todo lo que hace; mi mente con todos sus pensamientos e ideas; mis ojos incluyendo todas las imágenes que perciben; mis sentimientos, cualesquiera que sean, ira, alegría, frustración, amor, decepción, emoción; mi boca y todas las palabras que de ella salen, refinadas, dulces o cortantes, correctas e incorrectas; mi voz, fuerte o suave, y todas mis acciones, sean para otros o para mí.

Soy dueño(a) de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.

Son mis triunfos y mis éxitos, todos mis fracasos y errores.

Puesto que todo lo mío me pertenece, puedo llegar a conocerme íntimamente. Al hacerlo, puedo llegar a quererme y sentir amistad hacia todas mis partes. Puedo hacer factible que todo lo que me concierne para mis mejores intereses.

Sé que tengo aspectos que me desconciertan y otros que desconozco. Pero mientras yo me estime y me quiera, puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitas e ir descubriéndome cada vez más.

Como quiera que parezca y suene, diga y haga lo que sea, piense y sienta en un momento dado, todo es parte de mi ser. Esto es real y representa el lugar que ocupo en este momento del tiempo.

A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho, de lo que he pensado y sentido, algunas cosas resultarán inadecuadas. Pero puedo descartar lo inapropiado, conservar lo bueno e inventar algo nuevo que supla lo descartado.

Puedo oír, ver, sentir, pensar, decir y hacer. Tengo los medios para sobrevivir, para acercarme a los demás, para ser productivo(a), y para lograr dar sentido y orden al mundo de personas y cosas que me rodean. Me pertenezco y así puedo estructurarme.

Yo Soy Yo y Estoy Bien.

Vivir para Crecer Ed.Paidos



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